Una historia sin terminar

Capitulo I

La quietud de la noche es rota, la basura esta llena, esto es solo un paso más en la rutina nocturna. Esta frió, el soplido del viento estremece el ambiente como si dijese que esta mal. Esto no lo recordare se repite con insistencia, aquí no ha pasado nada.

Ya es hora de entrar si me quedo aquí esto empeorara, las pantuflas se deslizan por el asfalto con un caminar cansino producen la melodía de la culpa. El sol irrumpe por las cortinas entre abiertas, ya es mañana en una habitación desdeñada y bacía, no carente de mobiliario, vacía del alma.

Todo esta igual, nada ha cambiado; esto se repite Antón, con desesperación antes de abrir los ojos, ha sido todo un sueño. En efecto al abrir los ojos nota que todo esta en su lugar que en realidad nada ha cambiado, se endereza en la cama con ambas manos en el rostro, sus uñas están limpias e impecables, se refriega los ojos con fuerza. No puede creer que allá sido solo un sueño.

- La realidad es extraña, ¿que es aun duerno?
- Si, si eso es, aun duermo.

Vuelve a recostarse con los ojos cerrados, rota sobre si y duerme.
Al abrir los ojos la oscuridad en vuelve la solitaria habitación.

- Es de noche, es hoy es mañana, dormí un día pero desperté, debe ser hoy.

Tantea a su alrededor para encontrar el velador, pero allí no había nada, exaltado se levanta, lanza las cobijas. – Esta no es mi habitación. ¿Donde estoy?, que rayos!!!

Un cuarto húmedo, solo con una cama en el centro, sin ventanas, una puerta yace entre abierta, rápidamente Antón se alza y abalanza hacia la puerta, la habré con rapidez asomando la cabeza para encontrar un enorme pasillo entre verde y negro con un penetrante olor a moho. Se vuelve a la habitación, su ropa yace en el suelo, apenas acostumbrado a la penumbra del ambiente distingue bajo la cama un metal, dificultosa mente lo recoge, no se había dado cuneta, quizás por la adrenalina que corren en estos instantes por su cuerpo, el gran dolor que recorre su cuerpo como si hubiese sido objeto de una golpiza, entre quejidos se pone de pie con un brazalete en la mano. Rápidamente tomos sus ropas y se vistió, simulando tranquilidad salio de la habitación con paso raudo pero firme, eso creía el, atravesó el pasillo; este se encontraba con gran cantidad de puertas, todas cerradas.

- Por fin se acaba este pasillo mal oliente.

Al final del pasillo Antón se encuentra con una escalera a su lado derecho, la cual lo conduce hacia la planta baja y directo a la calle, una gran avenida iluminada, la luz lo cega unos instantes al reponerse no cae en su impresión. – jamás había visto este lugar.

Rápidamente recorre el lugar con la mirada, el edificio que acaba de dejar, no es nada fuera de lo común: una construcción victoriana que se cae a pedazos, al fijarse en la construcción nota que es hermosa

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En contra o a fabor, eso da lo misno podra ser uan nueva ventana, que quien sabe si cerrare o no